lunes, 29 de noviembre de 2010

Un juicio en Navidad

PRIMER ACTO

(Escenario: taller de Papá Noel. De fondo se oyen villancicos.)

Es Nochebuena del año 2010,  los duendes están metiendo los regalos en el gran saco del trineo y preparando a los renos. Mientras, Papá Noel hace su ronda anual para que no se escape ni el más mínimo detalle: hay que guardar los paquetes que andan esparcidos por el suelo, dar brillo al trineo, colocar las riendas a los renos y revisar la lista de niños buenos y malos.

Papá Noel: ¡No lo conseguiremos, este año no!

Mamá Noel: (Con una bandeja de galletas) Anda exagerado, todos los años dices lo mismo y, como todos los años, sale perfectamente.

Mamá Noel empieza a repartir galletas entre los duendes que trabajan y que a cambio le devuelven un ‘gracias’ y una sonrisa.

SEGUNDO ACTO

(Escenario: Taller de Papá Noel.)

Ya de noche y después de horas de trabajo, Papá Noel se despide de su esposa, da las gracias a todos los duendes  que le han ayudado y sube a su trineo. Dando una orden a los renos, estos empiezan a correr hasta que consiguen despegar del suelo el pesado  saco de regalos y a ese hombre regordete y bien abrigado que grita – ¡HO HO HO! ¡Feliz Navidad!- mientras se oye el ruido de cascabeles.

Es una noche fría y sin luna, pero las luces que adornan las casas permiten ver  el paisaje nevado de la ciudad.

(Escenario: tejado y casa adornada.)

El trineo se para en su primera casa y Papá Noel, bajando del trineo, manda silencio a los renos – Shhhhh! ¿Queréis que nos pillen?-. Coge su saco y empieza a descender por la chimenea pero nada más notar la leña bajo las grandes botas negras, sus ojos se encuentran con otros más pequeños y asustados.

Papá Noel: Hola preciosa… por favor, no chill…

Niña: (Vestida con un camisón y agarrada a un osito de peluche) ¡Mamaaaaaaaaaaaá!

La madre aparece corriendo atándose la bata a la cintura y llamando a su marido.

Madre: (Chillando) ¡Manolo date prisa y llama a la policía, hay un ladrón en el salón!

El padre consigue retener a Papá Noel hasta que llega la policía, que le detiene y le saca esposado de la casa. Mientras camina por el jardín hacia el coche con la sirena, puede ver como bajan su trineo del tejado con una grúa. Un hombre con el uniforme de la perrera intenta conseguir más camionetas, mientras que los otros no consiguen calmar a los renos que intentan escapar.
Una voz le devuelve a la realidad.

Policía: (Muy borde) Eh abuelo, ¿es que no me ha escuchado? Métase en el coche.

TERCER ACTO

(Escenario: Juzgado de la ciudad)

La sala está llena de gente hablando, Papá Noel está esposado y sentado en la mesa de la izquierda frente a la tribuna. Su abogado, que es uno de los duendes del taller vestido de traje, repasa los folios que lleva en el maletín. Este se da cuenta de que le está mirando y sonriendo dice – Tranquilo jefe, está todo bajo control-. Entonces Papá Noel se fija en el gorro de punta verde que el duende lleva puesto y, suspirando, se tapa la cara con las manos.

Alguacil: Todo el mundo en pie, el juez está entrando en la sala.

Se hace el silencio, la gente se levanta y con un gesto el juez da a entender que pueden sentarse.

Juez: (Vistiendo una toga negra) Bien, intentemos solucionar esto de la manera más rápida posible. Señor Noel, se le acusa de: allanamiento de morada, obstrucción del tráfico aéreo y posesión de animales sin identificación. Defensa del acusado, puede hablar.

El duende se levanta y el jurado contiene la risa al ver su gorro.

Abogado: En defensa de mi cliente he de decir que este hombre lleva entrando en casas de todo el mundo años, con la intención de repartir regalos y felicidad entre niños y mayores. La única manera de recorrer todos los países en una sola noche es ese trineo, cuyo ‘motor’ son los renos. Lo único que coge  son las galletas y la leche que los niños le dejan como agradecimiento. Señoría, este hombre de aquí no ha hecho nada malo, es más, esta noche miles de familias se quedarán sin sus regalos.

Juez: (Pensando un momento en lo que acaba de decir el duende) ¿Cómo se declara el acusado?

Papá Noel: (Levantándose) Inocente.

Se forma un murmullo en la sala y algunas personas le acusan de romper adornos de navidad al dejar los regalos bajo el árbol y otros en cambio hablan en su favor.

Juez: ¡Silencio, silencio en la sala! (La gente se calla.) Bien el jurado se retirará para valorar el caso. (Da un golpe con el martillo y se va de la sala junto al jurado.)


Una hora más tarde la sala vuelve a llenarse.

Juez: ¿Cómo declara el jurado al acusado?

Representante del jurado: En base a las acusaciones y la defensa, este jurado declara al acusado… inocente.

Se oyen quejas y gente llorando, pero sobretodo gritos de alegría. Papá Noel abraza al duende, que después de quitarse la chaqueta, empieza a bailar sobre la mesa. Papá Noel ríe a carcajadas.

CUARTO ACTO

(Escenario: Polo Norte, casa de los Noel)

Entrando por la puerta, Papá Noel deja su traje rojo en una gran silla, se pone el pijama y se tumba en la cama con Mamá Noel.

Mamá Noel: ¿Qué tal cariño? Te he estado esperando pero has tardado más de lo normal y me he quedado dormida. ¿Cómo ha ido este año?

Papá Noel: Pues como todos los años, perfectamente.

Da un beso a su esposa y se da la vuelta. Aunque se mezcle con un bostezo, ella es capaz de oír como su marido, antes de dormirse dice: ¡HO HO HO! ¡Feliz Navidad…!

Helena Salve
4º ESO

El mayor secreto



Gonzalo es un niño que tiene 9 años.  Vive en una familia en la que siempre se ha celebrado la Navidad por todo lo alto. Gonzalo siempre esperaba como agua de mayo estos tiempos para recibir todos sus regalos y ver a su familia unida, ya que es la única época en la que toda la familia se reúne. Es un niño que siempre ha vivido la Navidad con mucho ímpetu y alegría. Le encantaba pasear por las calles para observar el decorado, no se perdía una cabalgata, hacía su carta correspondiente y la echaba en el buzón y tenía una única manía: el 5 de enero por la noche, limpiaba sus zapatos y dejaba comida y agua para los Tres Reyes Magos y a sus respectivos camellos, y se iba a dormir a las 10 en puntos porque pensaba que si se dormía más tarde, los Reyes no pasaría por su casa.

Pero un día, los padres de Gonzalo pensaron que era un buen momento para contarle la verdad, ya que tenía una buena edad para saberlo. Cuando se lo contaron, a Gonzalo se le cayó el mundo encima. No supo cómo reaccionar y lo único que salió por su boca fue: “eso no puede ser verdad, yo los he visto”. Es lo típico que dice un niño cuando se entera y no quiere creer la realidad.

Después de esta mala noticia, Gonzalo se tumbó en su cama y empiezó a analizar lo que le habían contado sus padres. Él siguió sin dar crédito y se dijo para sí mismo: “¡Que morro tiene mi madre que me hizo limpiar los zapatos durante un montón de años!”-dijo indignado. Pero empezó a recordar un sueño que tuvo la anterior noche, en el que aparecían unos duendecillos que le querían transmitir algo. Recordaba vagamente lo que le querían decir. Era algo como…”mañana recibirás una mala noticia pero el 6 de enero serás recompensado”. Gonzalo le daba vueltas a la cabeza intentando buscar un significado pero no lo conseguía entender, y se decía a sí mismo muy enfadado: "¿Qué hay en este mundo que te pueda compensar de que no existan los Reyes Magos?". Y después de varios minutos dijo: “Bah, era solo un sueño”, y se durmió.

Llegó el 5 de enero y Gonzalo se despertó muy malhumorado. Había decidido no seguir el juego. Ni asistió a la cabalgata, ni limpió los zapatos pero sí se fue a la cama a las 10, ya que tenía un presentimiento de que algo bueno iba a suceder, pero no sabía todavía el qué.
Llegó el gran día. Gonzalo abrió los ojos esperando encontrarse la habitación llena de regalos como todos los años, pero no fue así. Al lado de sus zapatos solo había un libro, una bufanda y una mochila. Muy triste se dio la vuelta intentando volver a dormirse, pero algo llamó su atención, ¡sus zapatos estaban limpios! Se dio la vuelta para mirar los zapatos y algo le sorprendió. Dentro de sus zapatos impecablemente limpios algo brillaba con mucha intensidad. Se frotó los ojos. Pensó que todo era un sueño, pero seguía viendo las luces con los ojos cerrados. Era una luz tan brillante que cegaba sus ojos. Empezó a sentir una sensación entre miedo y curiosidad, y con los ojos muy abiertos volvió a mirar los zapatos. Efectivamente, había tres luces. Se llenó de valor e intentó tocarlas pero las luces se le escapaban entre los dedos. “¿me estaré volviendo loco? Ahora me parece oír unas voces”- dijo murmurando.

-        -- Gonzalo, Gonzalo, estamos aquí.

Gonzalo atónito se tapó fuertemente con las sábanas.

-        -- Gonzalo, Gonzalo que estamos aquí - dijo la voz más fuerte.

Gonzalo pensó que él no era un cobarde y decidió levantarse de la cama y acudir hacia donde oía las voces. Al bajarse de la cama, algo le tiró del pantalón del pijama. Gonzalo miró para abajo y al lado de cada luz se encontraban tres duendecillos. Gonzalo dio un salta hacia atrás.

-       -- ¡No te asustes Gonzalo! - le dijo uno duendecillo con voz muy cariñosa. - Venimos a traerte lo que te prometimos: los tres mejores regalos que recibirás en tu vida.

Gonzalo se agachó colocándose al lado de los zapatos y de los duendecillos. Uno de los duendes cogió una de las tres luces y se la colocó en la mano, diciéndole: “Soy el duendecillo de la paz, y este es mi regalo. Tendrás paz durante toda tu vida. Aprenderás a ser compasivo, humilde y a tener un corazón puro. Este es mi don”. Inmediatamente, otro duendecillo le colocó la segunda luz en sus manos.” Yo soy el duendecillo del amor. Te concedo el don de amar y ser amado. Para esto tendrás que dejar de ser egoísta. Amarás mucho para que te amen los demás. Es el don más preciado en esta vida. Nunca lo olvides”. Por último, el tercer duendecillo saltó a sus manos. Colocó la luz y le dijo: “Yo soy aquél, el de la sabiduría. Con este don diferenciarás el bien y el mal y comprenderás los errores de los demás y a no cometerlos tú, aprendiendo de tus propios errores”. Después de esto, los duendes desaparecieron, no sin antes advertirle que los dones que le habían sido concedidos tenía que ganárselos día a día, sino desaparecerían.

Gonzalo salió corriendo a la habitación de sus padres. Según corría, su enfado y su tristeza iban desapareciendo. Corrió a abrazar a su madre y con lágrimas en los ojos dijo: “Estas Navidades han sido las mejores de mi vida. Aunque sé que no existen seguiré creyendo en los Tres Reyes Magos.

La función de Navidad


Ya era la última clase del viernes, los niños impacientes y nerviosos por el fin de semana y, en especial, porque era el día del reparto de los personajes de la función de navidad. El profesor muy ilusionado, que parecía un niño, hizo el reparto al azar. Fue llamando niño por niño, desde el más travieso hasta el más tranquilo.

El niño alto hacía de José, que casualmente era el personaje que más le identificaba; la niña simpática hacía de mula; el travieso de Jesús; el tímido de rey mago… Hubo desacuerdos, muchas discusiones que el profesor oía y no había contado con ello. El profesor con esperanza de que las discusiones fueran de aquella tarde, comprobó que estaba equivocado, el lunes seguían enfadados entre ellos y pocos conformes con su papel, lo contrario que quería su maestro, el trabajo en grupo y disfrutar de la magia navidad mediante esta función.

El profesor que callado no se iba a quedar intentó convencerles de que el punto de la función no era ser o no el protagonista sino saber trabajar y pasárselo bien.
Aún así no hizo efecto, llegaron hasta el punto en el que ya los alumnos no le daban importancia a la función y los más extrovertidos y gamberros no querían realizarla, cosa que muchos no deseaban y les habían suplicado que la hicieran, a pesar de todo, sobre todo la niña tímida con el corazón enorme, pero estos no reflexionaban.

Semanas pasaron y la función ya casi fue olvidada y los mismos de siempre que intentaban que se hiciera, como la niña tímida ya se cansaron se repetirlo, al igual que el maestro.

Una noche fría de Madrid, la niña tímida sin saber como, enfermó, y su madre corriendo la llevo al hospital, después de las horas de espera, fue atendida y le dijeron el problema, apendicitis, en navidad.

El profesor, triste, que sabía la trágica noticia, se lo contó a sus alumnos y estos reaccionaron preocupados y durante toda la clase nadie habló.
La mañana siguiente el niño travieso que se sentía fatal por el accidente fue a visitar a la niña tímida al hospital, a pesar de que no tenían una buena relación, pero el niño empezó a entender que era el significado navideño. El niño después de la visita recordó todas las veces que la niña tímida había intentado convencer de que si hiciera esa obra y al niño travieso se le puso una sonrisa inmediatamente.

El niño impaciente a la mañana siguiente les comunica a sus compañeros la idea que había tenido y les causó el mismo efecto, una sonrisa, al igual que en el profesor, orgulloso de su clase.

Trabajaron duro y en equipo para que saliera la mejor obra que la niña tímida hubiera visto. Los niños, más ilusionados cada día, traían nuevas ideas y disfraces y toda clase de cosas que mejoraban la función.
Las peleas habían desaparecido, los enfados y el egoísmo, todo iba como el significado de la navidad, mágicamente.

Llegó el día de la operación, la niña tranquila con ese pedazo de corazón no se quejó y la aguantó perfectamente hasta que los médicos le dijeron lo que quería oír: la operación ha sido un éxito. Toda su clase fue a visitarla ese mismo día pero no le dijeron nada de la sorpresa.

La niña contenta de por fin de estar con sus amigos llegó a clase el lunes antes de las vacaciones de navidad y se encontró la clase vacía excepto una carta que decía que fuera al gimnasio del colegio.
Ahí se encontró la situación, todo el gimnasio lleno de padres y un telón que detrás estaban los niños, impacientes por esperar, ella sin moverse se quedó atrás sin saber que se esperaba.

La función empezó y a lo largo de ella fue observando la niña que estaba mejorada y con muchos detalles más que ella había propuesto pero que nadie la había hecho caso. La obra era tan bonita que echó a llorar y pensó en todos los esfuerzos que han debido de hacer y el grupo en trabajo y la positividad y repitió para ella misma: es un milagro de la navidad.

Valvanuz Cueto
4º ESO

Siempre queda un hueco para la Navidad

Era la tercera vez que a David le sonaba el móvil, y todos los que quedaban en las oficinas de RENFE esa tarde del  5 de Enero se giraban siempre con mala cara  y el jefe no hacía más que enviarle miradas de enfado.
-“Cariño, pídele otra vez al jefe que te deje esta noche libre, que  los niños quieren que vengas algún año a la cabalgata con nosotros, cámbiale el turno a algún compañero, es que también es casualidad que todas las noches de reyes te toque trabajar”.
-“Ya lo sé, y sabes que me encanta la cabalgata, pero no puedo saltarme trabajo, justo ahora no,  que no estamos para perder dinero”.
Y como otro año más Ana llamó a sus padres para que fueran con ella y los niños a la cabalgata, no entendía como a David no le hacía ilusión acompañarles y vivir todos juntos ese momento. Y además los niños se hacían mayores y dentro de poco se acabaría la ilusión por la cabalgata, los reyes, las carrozas. No entendía nada, David siempre le decía que esa era la parte que más le gustaba de las navidades, más que los regalos y las fiestas, con lo que de verdad disfrutaba era viendo pasar a los tres reyes en sus carrozas y recuerda como les miraba como si fueran las mejores personas del mundo, todas las navidades se enfadaba con los niños cuando veía que lo único que les importa de ese día eran los regalos, los juguetes, los videojuegos y todos los años  recordaba que antes las cosas no eran así, que él vivía ese día de otra manera, le encantaba el misterio y el insomnio de la noche de reyes cuando se quedaba despierto, por si, con suerte oía a los reyes magos entrar por su ventana, y sobretodo recordaba el nerviosísimo que sentía cuando cruzaba el pasillo y se asomaba despacio al salón donde por arte de magia estaban esos regalos, quizás era por eso por lo que no había vuelto a la cabalgata desde los 10 años, porque no le gustaba el nuevo modo de ver las navidades, y el modo de verlas por los niños de hoy en día.
 Así que allí estaba ella, sola, poniéndoles las bufandas a los niños para que no pasaran frío, vigilándoles en el metro para que no hicieran ninguna tontería y cuidándoles para que no se perdieran entre toda la gente que, como ellos esperaban en la calle para el gran momento. Además llevaba toda la tarde escuchando lo mismo “¿Dónde está papá?” “¿Por qué no ha venido papá?” “Los reyes se van a portar mal con papá por no haber venido a verles”
Después de que pasaran todas las carrozas, caballos y payasos llegó el gran momento, Y, escondidos detrás de la corona y la barba blanca de Melchor vio unos ojos que la miraban fijamente, era su marido, y al fin entendió ese sentimiento que él siempre contaba, en el que, miraba  a los reyes como si fueran las mejores personas del mundo, por muchos problemas que estuvieran teniendo parece que en el fondo siempre queda un hueco para la Navidad.

Pilar Sainz Dolado
4º ESO




Carta a los Reyes Magos


Queridos Reyes Magos:

Estas Navidades os quería pedir algo totalmente distinto a lo de siempre… Las muñecas ya no me gustan, los juguetes acabo dejándolos tirados por cualquier sitio, no valoro realmente esos objetos que al principio me hacen tanta ilusión. Mis padres cuando era pequeña me decían que era mejor tener un regalo valioso que muchos que acaban siendo olvidados. Antes no entendía lo que me querían decir con eso, pero ahora he crecido y he captado el mensaje.
He pensado muy bien qué pediros y al final me he decidido; últimamente no estoy muy animada, tengo problemas con mis amigas y me gustaría tener más fuerza para seguir adelante. Cuando estoy llorando pienso que desearía encontrar alegría para poder reír a carcajadas. En los momentos en los que creo que no puedo conseguir un reto que me he propuesto, me encantaría tener más fe en mí misma.
Hay veces que no soy capaz de pedir perdón cuando debo hacerlo, querría quitarme esa cobardía y pediros valor, valor para enfrentarme a esos obstáculos. Me preguntaba si podríais quitarme ese egoísmo que a veces me inunda el pensamiento, y también si podríais regalarme generosidad y compañerismo. 
Por último quería pediros que les deis a mis padres felicidad, amor y sobre todo, que nos den a toda la familía la ayuda y fuerza necesaria para seguir juntos, queriéndonos como nos queremos.
Muchas gracias a los tres, un  beso muy fuerte,

Patricia Rico-Avelló
4º ESO