martes, 21 de diciembre de 2010

Un grupo de senadores asesina a Júlio César

En el día de ayer, un grupo de senadores asesinó a puñaladas a Julio César, Sumo Pontífice de Roma, cuando éste se dirigía a una reunión del Senado romano en el Teatro de Pompeyo.

Ayer, 15 de marzo del 44 a.C, será una fecha recordada para la eternidad. El pontífice máximo, Julio César, fue cruelmente asesinado a puñaladas por un grupo de senadores en el Teatro de Pompeyo. Al parecer, los líderes de esta conjura han sido Casio, Casca y Bruto. Éstos decían actuar "en nombre de las libertades".

Pero fuentes cercanas a los asesinos afirman que no estaban solos, ya que tenían muchos senadores a su favor. Todo fue planeado ingeniosamente; consiguieron echar a Marco Antonio y distrajeron a César mientras uno de ellos le clavaba un puñal, y así, todos los senadores detrás de él. Marco Antonio y Octavio han declarado que vengarán la muerte de César y que no descansaran hasta hallar a todos los implicados en el asesinato del sumo pontífice de Roma.

Álvaro Díaz-Rato, 3ºC

Estalla una huelga de duendes en Polonia

Los duendes que trabajan actualmente para Papá Noel, han decidido hacer huelga en protesta por su bajo salario. Todo ocurrió la semana pasada, en Polonia.
      Esta es una de las peores noticias recibidas este año y en estas fechas, casi en Navidad. Últimamente se han sucedido varias huelgas en Polonia, debido a la reducción de salarios, a consecuencia de la crisis internacional, razón por la que estos respetados seres han decidido no trabajar.
       El querido y famoso Papá Noel, tras enterarse de esta extraña noticia, ingresó en el hospital el pasado jueves, tras sufrir un infarto. Su estado de salud es estable y los médicos afirman que está fuera de peligro, pero esta situación mantiene a los niños de todo el mundo en un estado de preocupación sin precedentes.

Rosa Magaña. 3ºD

Un diablo navideño muy especial

¿Alguna vez han pensado en la típica persona que va todo el día detrás de su jefe haciéndole la pelota, que sus "amigos" se aprovechan de ella por ser el nuevo y que no tiene personalidad? Pues esa persona soy yo.


Permítanme que me presente: soy Joaquín Tridente, un diablo en prácticas.


Mis compañeros y mi jefe me llaman por el mote de "novato", debido a que hace dos días empecé a trabajar como diablo fastidioso (trabajo que consiste en molestar a la gente que se porta bien).


Este mes me he propuesto subir un escalón más y llegar a diablo fastidioso superior, para que mis amigos me tengan más respeto y dejen de lllamarme novato y puedan tener un despacho en condiciones.


Hasta ahora mi despacho estaba ubicado en un cuarto de baño que ya no se usaba debido a que la cisterna y el lavabo no funcionaban. Mi mesa era la tapa del retrete y escribía informes en papel higiénico.


Pero lo que hoy no sabía era que mi vida estaba a punto de cambiar en cuestión de minutos.


Al llegar la hora de la comida, recibí una llamada de mi jefe que me ordenaba que fuese a su despacho.


Al entrar en él, sentí un escalofrío, eso sí que era terrorífico. Las paredes estaban pintadas de rojo, los sillones eran de piel negra y en frente mío, se encontraba una criatura dentro de una caja que no estaba seguro de qué tipo de animal se trataba.


De repente contemplé la silueta de un tipo gordo vestido de rojo con dos pequeños cuernos en la cabeza. Se trataba de mi jefe, más conocido como Satanás.


Me hizo sentarme en uno de esos sillones y me dijo: "Buenas tardes, novato, espero que no haya interrumpido algo importante, pero pensé que este trabajo que tenía para ti te interesaría".


Fue andando hasta su mesa, agarró una hoja llena de polvo y la extendió sobre mis manos. En ella se podía leer "PROYECTO 213: ARRUINAR LA NAVIDAD".


Me explicó cómo mi vida daría un cambio brusco si conseguía realizar con éxito este proyecto. También me contó que este proyecto consistía en que yo tenía que ir al mundo donde vivían los humanos a arruinar la Navidad y a todo elemento relacionado con ella.


Muy contento y algo nervioso, fui al ascensor que me conduciría a aquel lugar habitado por personas. Al llegar, vi pasar una cabalgata y decidí sabotarla, pero una de las personas encargadas de la cabalgata me debió confundir con Papá Noel y me subió a una de esas enormes carrozas decoradas con dibujos de renos.


Al ver a tantos niños sonreír, supe que no estaba cumpliendo mi misión.


Fracasado, me bajé de aquella carroza a buscar otra manera de fastidiar la Navidad. Fui andando por aquellas alegres calles llenas de adornos navideños. Al pasar por una iglesia, se me ocurrió una idea: robar la Biblia, pero al intentar acercar la mano a ella, un cura cogió un incensario y empezó a darme golpes con él y a gritarme: "¡Fuera de la casa del Señor!".


Salí corriendo de aquel lugar.


En ese momento se me ocurrió alquilar un sótano en el que fui escondiendo los regalos que iba robándole a los niños. Metí todos los regalos robados dentro de aquel lugar. Me di cuenta de que a pesar de que las no tuvieran regalos, estaban felices cantando alrededor de la chimenea villancicos.


Me di cuenta de que nada podía hacer frente a aquellas personas con tan elevado espíritu navideño. Decidí volver al infierno para contarle a mi jefe que había fracasado.


Como castigo, mi jefe me convirtió en zambomba y me envió a aquel mundo de humanos.


Por eso, si un día cantando canciones alrededor del belén con la zambomba, de repente oyes unos gruñidos, no te asustes. Posiblemente la zambomba que tengas en tus manos sea yo, Joaquín Tridente.


Patricia Trigo. 2º ESO A.

ROBAN LAS JOYAS DE LA CORONA BRITÁNICA

Ayer, día 14 de diciembre, se produjo el robo de las joyas de la corona en el Palacio Real británico, durante un apagón. Se desconoce todavía la identidad del ladrón, pero la policía está usando todos sus medios para encontrarlo.

Durante el apagón del Palacio Real de anoche, las joyas de la corona de la reina de Inglaterra desaparecieron. El ladrón, que aún está siendo buscado, irrumpió en el palacio durante el apagón, dejando una nota que decía: “El Tornado”.
Según los trabajadores de la central eléctrica desde la que se provocó el apagón, las máquinas funcionaban perfectamente hasta las 12:02, hora en la que empezaron a parpadear y se apagaron. Las causas se desconocen, pero la brigada a cargo de la investigación asegura que estos dos sucesos están conectados entre sí.

El soldado encargado ayer de la guardia, declaraba que todo estaba tan tranquilo como cualquier otra noche, hasta que alguien lo golpeó en la nuca y lo dejó sin sentido. Al despertar, las joyas habían desaparecido y el ladrón había escapado sin ser visto. Todo esto apunta a que se pueda unir este suceso a toda una serie de robos que se han ido produciendo a lo largo del año, todos por un mismo autor. La brigada espera encontrar a ese ladrón y acabar con estos hurtos de una vez por todas.



Rafael San Martín 4ºB

El colegio San Patricio crea una asociación para ayudar a las niñas de Turkana


Ayer, día 2 de diciembre, uno de los colegios privados de Madrid, el colegio San Patricio, creó una asociación para ayudar a las jóvenes de Turkana. El proyecto consiste en crear un colegio para poder ofrecer una educación a aquellas niñas que no pueden acceder a ella.

El Colegio San Patricio ha decidido crear una asociación para evitar la pobreza en Turkana. Han ayudado a las niñas menores a llevar una vida lo más normal posible, construyendo un colegio. “Su enseñanza es bastante buena”,  afirma la Directora  General del colegio. “Aprenden su propia lengua, además del Inglés y las asignaturas Matemáticas y Ciencias”.

Todos los alumnos del colegio están colaborando para que este proyecto salga adelante. Han organizado un rastrillo de Navidad en el que el dinero recaudado irá destinado a este propósito, además del dinero reunido con las papeletas de de lotería. Aún siguen luchando para hacer realidad su sueño y el de cincuenta niñas, y afirman que no se rendirán.

Mónica Bonfanti. 2ºD

Siguiendo los dictámenes de distintos estudios médicos que declaran que la Coca-Cola es dañina para la salud.

Retiran la Coca-Cola de la cafetería del Colegio

J.A.L. Las autoridades del Colegio San Patricio, situado en el Soto de la Moraleja, han tomado la trascendental decisión de retirar de la cafetería del Colegio el sustento cafeínico diario de muchos jóvenes estudiantes que ahora caen rendidos en las clases.
Muchos profesores reclaman a los directores del centro educativo que devuelvan a los frigoríficos del Colegio la preciada y energética bebida, ya que la estadística de fracaso escolar se ha disparado en apenas dos semanas.
Riadas de alumnos se agolpan ante las puertas de los despachos del Colegio solicitando la vuelta de la Coca-Cola a su vida escolar, ya que la cercanía de la conocida semana blanca, y la llegada de la Navidad son alicientes que empujan a los estudiantes a trabajar con mayor ahínco, aumentando así los niveles de necesidad cafeínica.
Viernes, 3 de noviembre de 2010
                  
                                  José Alonso López 3ºD

Unas navidades raras

Había un vez un yo, o, en otras palabras, un árbol de navidad. Era el más bonito de todos los arboles. El más elegante. Todas las navidades se sacaba el grandioso árbol para ser adorado.

¡Por fin! Sería el gran día que llevaba esperando todo el otoño, primavera y verano… Unos cuantos meses que se diga. Por fin notaba que unas manos suaves tocaban mis hojas verdes, notaba que me sacaban de esa antigua caja llena de polvo. Cómo me enganchaban mis tres partes del tronco. Me llevaron del trastero al jardín y del jardín me arrastraron hasta… hasta… ¿Dónde estoy? ¡Esto no es mi salón! No, no puede ser, el salón donde yo había estado era de color rojo, tenía unas cortinas limpias con unos estampados de flores que adornaban esos sofás con rombitos que tanto me gustaban. Pero, por desgracia, no me encontraba en ese lugar tan afortunado, me encontraba en un “salón” sin cortinas con todo el suelo cubierto de un papel lleno de polvo y trozos de pintura seca tirada en el suelo, las paredes cubiertas por un gris feo, pero muy feo; menos una, que estaba tapada con un trozo de madera. Los muebles estaban cubiertos de plástico y había muchas herramientas desordenadas esparcidas por toda la habitación que parecían inútiles. ¡Era desagradable solo de mirarlo! No solo eso sino que encima hacía frío, mucho frío. Encontrarse en ese sitio tan horrible me hacía tener un vacío por dentro. Estaba muy triste, al principio creía que solo iban a ser un par de días, pero pasaban las semanas, y no me sacaban de ese sitio…

Siempre había sido el centro de atención. ¿Qué pasaba ahora? ¿Por qué me habían llevado ahí? ¿Por qué ya no me querían? ¡Yo siempre había sido el más admirado en navidad, el más querido! La gente me adoraba. Pero estas navidades tenía la sensación de que iban a ser diferentes, aunque todavía no habían llegado las navidades tenía toda la pinta. Nadie me prestaba atención… Ni siquiera me miraban. En casa, bueno, en el salón, sólo había unos obreros que venían solamente para fastidiarme, levantarme pronto por las mañanas, llenarme de polvo mis preciosas hojas de color verde y dar horribles martillazos a la pared que me mareaban.

Los echaba de menos, mi amigo el belén con la mula y el buey, la virgen que era tan dulce, el niño Jesús, que cada vez que se reía conseguía sacarme toda la felicidad que tenía por dentro… sí… me acuerdo de mi estrella, esa bonita y brillante estrella que me favorecía trillones. Y esas luces que hacía que me prestaran más atención y hacía que la gente de alrededor fuera feliz sólo de verme. Me acuerdo de mi adorno de navidad favorito: el ángel, con esa cara perfecta, esas alas brillantes y ese vestido tan delicado. Lo echaba de menos todo… Me estaba preguntando dónde estarían y cómo estarían, cuando oigo a dos personas discutir. Esas personas me sonaban, su voz, sus suspiros, sus gritos. Empecé a pensar. ¡Esas personas eran mis dueños! Caí en la cuenta de que se peleaban por las obras que estaban haciendo en su salón y que les arruinaría la navidad. Que habían invitado a hacer una fiesta en navidad y no podía estar así. ¡Qué alegría! Seguro que acabarían antes de navidad. Mi dueña es muy estricta y cabezota.
Pasaron los días. Escuché cómo cerraban la puerta de un portazo. Parecía que la casa se había quedado en silencio. Pasó una semana. ¡La casa llevaba en silencio una semana ya! Era triste. No se oía nada. Me sentía solo. Tenía miedo. Además hacía mucho frío porque estaba casi en plena calle, porque, como habían destrozado toda la pared, sólo había una tabla de madera cubriéndola. Mientras pensaba en todo esto escuché como la tabla se caía y venían 5 hombres con aspecto sucio y con piercings. Uno llevaba una coleta, otro una Cresta, otro el pelo rojo, otro lo llevaba rapado, y el último, llevaba el pelo cortito y teñido de colorines. Me tiraron al suelo y me destrozaron unas cuantas ramas. Estuvieron en casa metidos como unos 10 minutos. Finalmente se fueron, con algunas cosas en la mano. Me habían destrozado mis preciosas ramas, estaba hecho polvo. Estaba tirado en el suelo. Me sentía débil e inútil.

Al cabo de unas horas escuché girar la llave de la puerta. Eran los señores de la casa. Entraron al salón. ¡Por fin les vi! Eran iguales que las navidades pasadas sólo cambiaba una arruga más que otra y algunas canas más, lo demás era idéntico. Me hacía gracia, porque, cuando les vi, fue el último momento que sentí que estaba en mi casa. Les noté asustados y muy agobiados. Creo que era porque habían notado la presencia de estos chicos en la casa. Me pusieron de pie. Me trasladaron a un hall pequeño, pero bonito. Me colocaron algún adornillo que otro, pero ninguno era mi preferido. Para ser sinceros eran todos bastante feos. Al parecer, según de lo que me enteré cuando hablaban delante de mí, era que mañana sería navidad. ¡Qué ilusión! Por fin llegaría el gran día de felicidad. Como tenía una ventana a la derecha, podría ver como anochecía y amanecía. ¡Era precioso!

Me quedé toda la noche pensando en cómo sería el gran día, cuando abrieran los regalos, y cómo de grandes estarían los niños…

Por la mañana, muy temprano vi a los niños porque iban a desayunar, para ir a la cocina había que pasar por el hall en el que me encontraba. Se pararon a mirarme ¡que detalle por su parte!, pero me llevé una gran decepción cuando exclamaron: ¡Que feo está este año el árbol! Y se fueron.

Les volví a ver cuando salieron por la puerta, iban muy arreglados el chico iba con corbata y todo. Y la chica con un vestidito rosa. No volvieron hasta por la noche. Estaba esperanzado de que por la noche pasara algo. Pero mis esperanzas se derrumbaron. No pasó nada. Me suponía que los regalos estaban en la casa donde habían estado todo el día.

A la mañana siguiente me desmontaron y me colocaron en la misma caja de todos los años. Otra navidad pasada. ¡No me lo podía creer! ¡Todo lo que había sufrido para nada! Otro año más, ¡Tenía que esperar otro año más! ¡Estas han sido las peores navidades! Espero que el año que viene no sea igual.

El tiempo es oro.

Esa Navidad sólo había pedido un regalo en mi carta a los Reyes Magos, y no era porque no quisiese más cosas, sino porque quería demostrarles a todos mis compañeros que son estas personas míticas los que cada año nos dejan los regalos que con ilusión hemos pedido y no los padres. Por lo tanto, mi único regalo debía ser muy especial, algo que no estuviera al alcance de una persona normal.

Estuve pensando mucho tiempo qué pedir, y justo cuando estaba haciendo mi examen de lengua se me ocurrió el regalo perfecto que siempre había deseado: ¡poder parar el tiempo!

La literatura es una asignatura que nunca se me ha dado muy bien y en medio de aquel examen me quedé en blanco. Deseé con todas mis fuerzas parar el tiempo para poder sacar el libro sin que nadie se enterase, escribir todas las respuestas, volver a guardarlo y descongelarlo para entregar el examen. Parar el tiempo era la solución a todos mis problemas, o eso creía.

Llegó el día de reyes. Primero fuimos toda la familia a la cabalgata; después tomamos churros con chocolate y al caer la noche, ya con las cartas enviadas por mi madre a los Reyes Magos de Oriente, nos fuimos a dormir.

La noche de reyes siempre me costaba mucho dormir, pensando si habría sido lo suficientemente buena como para me trajeran todos regalos que había pedido. Sin embargo, ese año no fue así, pues estaba tan segura de se me concedería lo que había pedido, que me dormí al segundo de meterme en la cama. Al despertar, todos mis hermanos fueron corriendo a ver los regalos que estaban junto a sus zapatos, pero yo no me apresuré tanto: llegué al salón con paso lento, me agaché sobre mi zapato y en él encontré una notita al lado de una muñeca preciosa que decía así:


“Querida amiguita:

Te hemos concedido el deseo que nos has pedido, de forma que durante este año siempre que lo desees podrás parar el tiempo a voluntad. No obstante, te queremos advertir que este regalo no ayudará a resolver todos tus problemas, como tú misma podrás comprobar. Además, te hemos traído esta muñeca que esperamos te guste, porque es muy probable que el otro regalo te decepcione.”

Al leer la carta pensé que los sabios reyes de Oriente, después de todo, no eran tan sabios, pues estaba convencida de que con mi nuevo don podría resolver todos mis problemas con los estudios, además de permitirme realizar otras muchas cosas.

Al principio no sabía cómo se paraba el tiempo, pero con paciencia empecé a controlar este don. Al poco tiempo, podía parar a todas las personas del planeta, todos los relojes del mundo (excepto el mío, claro), incluso el movimiento de todo el universo sólo con pensarlo en mi cabeza. No me di cuenta de lo que había pedido hasta que lo tuve, ¡menudo regalazo!

En los primeros meses no utilicé mucho el don, sólo unas 4 ó 5 veces y para cosas muy cotidianas, como mirar las soluciones en el libro mientras hacíamos un examen, evitar que se me cayese un vaso de cristal al suelo, para no perder el bus de vuelta a casa. Pero el don tenía algo adictivo y cada vez me costaba más refrenar el deseo de parar el tiempo.

Cuando llegó el verano, podía pasarme días y días durmiendo y al despertar no había pasado ni un minuto; ya no estudiaba nunca, total, podía sacar el libro en el examen las veces que quisiese; ya no tardaba horas y horas en arreglarme, mi padre no me tenía que esperar ni un segundo, pues los congelaba a todos hasta que salía del baño arregladísima. Era un lujo, mi tiempo real sólo lo empleaba para divertirme.

No me di cuenta de todo lo que había perdido, hasta que volvió a llegar el invierno, no había obtenido los conocimientos que todos mis compañeros a base de estudiar habían conseguido, me había vuelto una vaga y una egoísta, el propósito de pedir este regalo se me había olvidado; sólo utilice mi don para mí, sin compartirlo o ayudar con él a nadie; y lo peor era que, como mi tiempo no se paraba, yo seguía haciéndome mayor y ahora aparentaba casi 15 cuando en realidad tenía 13 recién cumplidos.

Las siguientes navidades decidí que sólo pediría un regalo a los Reyes Magos, o mejor dicho, esta vez iba a pedir que me quitasen el don que el año anterior me habían dado, pues no lo podía controlar y tampoco había resuelto mis problemas con los estudios, pues seguía siendo una ignorante de tomo y lomo.

Volviendo la vista atrás, no me arrepiento en absoluto de haber podido parar el tiempo a pesar de sus posteriores consecuencias, pero ahora me doy cuenta de que el verdadero regalo que me hicieron fue la gran lección de que el tiempo es oro.

María Escribano. 3º ESO B.

El derby de Navidad

Champiñoano Setaldo nació en Villaseta de los Champiñones (Portugal).Cuando nació sus padres le pusieron ese nombre en honor a su pueblo. Chompi (ese era su mote) era muy aficionado al fútbol, y jugaba en el Sporting de Villaseta.

 Todos los años, el día de Navidad, se celebraba un partido de fútbol entre los mejores equipos de Villaseta en honor a Chamiego Marasetona. Los equipos eran el Sporting de Villaseta, capitaneado por Champiñoano Setaldo, y el Atlético de Cáctus, capitaneado por Cheester Messi.

Cuando terminaba el partido, un hombre vestido de Papá Champiñón lanzaba regalos desde un reactor propulsado por setasoil. 

Como era costumbre, el partido se jugaba una hora y media antes de medianoche, para que justo a las doce cayeran los regalos de los jugadores y aficionados. 

Llegó la noche del derby de Villaseta de los Champiñones:
                  Sporting de Villaseta - Atlético de Cáctus
Se sentía un ambiente cargado ya que los equipos eran eternos rivales y los aficionados estaban animando a su equipo como si su vida dependiese de ello.

 El árbitro dio el pitido de inicio. Llegó el minuto 35 y el defensa Setín Champiñano realizó una dura entrada a Cactunio Gonzapinchez, que fue castigada con falta y tarjeta amarilla. Fue Cheester el que se preparó para lanzar la falta. Iker Setillas estaba preparado para detener el disparo pero su colocación no fue lo suficientemente buena para parar el disparo de Cheester. Llegó el 1 – 0, pero el marcador no permanecería así por mucho tiempo. En el minuto 43, justo antes del descanso, Chompi recibió un centro de rabona por parte de Champiño Venenez, que remató con una espléndida tijereta que acabó en gol. El empate volvió al marcador y llegó el descanso.

 En el reactor que estaba sobrevolando el estadio con los regalos se abrió un boquete y un regalo cayó en las manos de Chompi. Lo abrió y encontró un amuleto con forma de copo de nieve. Dentro de la caja también venían unas instrucciones que decían que era un amuleto mágico que le concedería tres deseos. Y sin dudarlo ni un momento, se lo colgó al cuello y fue corriendo al campo de fútbol para reanudar el partido. 

Cuando Chompi vio que no marcaban y quedaban pocos minutos para el final del partido, decidió gastar su primer deseo y pidió que su equipo marcara gol y ganara el partido. Y así fue. En el minuto 87, tras un pase de Setildo Champihuevo , Champiño Venenez disparó a puerta y rebotó en el palo. Pero antes de que saliera por línea de fondo, apareció Chompi para recoger el balón y realizar un potente disparo para dar la victoria a los suyos, La afición estalló de emoción y todos los jugadores de su equipo fueron a celebrar el gol con él.

Cuando terminó el partido y cayeron los regalos, vio que algunos niños no tenían regalo porque eran muy pequeños y no llegaban a cogerlos. Entonces Chompi usó su segundo deseo para concederles regalos a esos niños, y los niños sonrieron felices al verse con tantos regalos. Finalmente, Chompi llegó a su casa, pero no sabía en qué gastar su último deseo. Miró por la ventana y vio a niños solos que no estaban disfrutando de la Navidad. Y, ¿a que no sabéis para qué utilizó su último deseo? Para desearnos una feliz Navidad a todos.

Javier Hernández Ortiz. 1º ESO.

Esperando a Jesús

Era el día de Nochebuena. Un ángel se apareció a una familia normal, una familia como la tuya, o como la mía, o como tantas otras familias que todos conocemos, un padre, una madre y dos hijos. Tan normal que, tú que lees esta historia, vas a pensar que es la tuya propia.

-Os traigo una buena noticia: esta noche Jesús vendrá a visitaros.

Todos quedaron muy contentos. Nunca habían creído posible que en su casa pudiera suceder algo así. Prepararon una cena excelente para recibir a Jesús. También se encargaron de adornar la casa y limpiaron como locos para que no quedara ni una mota de polvo.

De repente sonó el teléfono. Un amigo del mayor de los chicos le pidió que le acompañara, que había quedado con un compañero de clase que llevaba varios días triste. 

-          ¡Qué dices! Hoy estoy muy ocupado y tampoco es tan amigo mío.

Poco después volvió a sonar el teléfono. Esta vez era para Andrea, la hija. Una amiga suya llamaba indignada. Muchas de las chicas de su clase estaban comentando la última broma de mal gusto que habían hecho a una de ellas y le echaban la culpa a Andrea. Colgó enfadadísima y se prometió a sí misma no volver a hablar con esa chica.

-          ¿Qué se habrá creído? No solo no la voy a perdonar sino que en cuanto pueda voy a darle motivos para que hablen mal de mí con razón.

La siguiente llamada fue para la madre. Era otra madre de una de las niñas implicadas en la discusión, estaba enfadadísima con la hija y con la madre.

-          ¿Cómo se atreve tu hija? ¡Y tú tienes parte de la culpa! ¿Cómo le consientes?

No tenía tiempo ni de escuchar, todavía no había terminado la cena.

-          ¿Eres tonta o qué? Ocúpate de tu hija y deja a la mía en paz.

La familia continuó preparando la cena: latas de caviar, champán en la nevera, un mantel de encaje… Mientras ultimaban los detalles alguien llamó a la puerta. ¿Será que ya llega Jesús?, pensaron. Con el corazón acelerado, el padre fue a abrir la puerta. Pero era la abuela que había quedado a cenar con una amiga, y se había puesto enferma. Preguntaba si podía cenar con ellos y el padre se temió que, si se quedaba, no iba a dejar hablar a nadie y Jesús se iba a horrorizar e iba a salir corriendo. Se había vuelto tan pesada con los años…

-          Mamá, mejor vete a cenar con mi hermano, los niños son más pequeños y les hará ilusión verte.

La abuela dio media vuelta y se marchó un poco triste.
Al final, lograron tener a punto la cena. La familia en pleno esperaba emocionada la ilustre visita. Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no aparecía. Hasta que todos fueron vencidos por el sueño.

A la mañana siguiente, al despertar, la mujer se encontró frente al ángel.

-          ¿Puede un ángel mentir? – gritó muy enfadada. ¿A qué se debe esta broma pesada?

-          No fui yo el que mintió; tampoco hubo ninguna broma –contestó el ángel sonriendo- ¡Fuisteis vosotros los que no tuvisteis ojos para ver! Y es que Jesús estuvo aquí, en vuestra casa, no una, sino cuatro veces. Pero vosotros, más preocupados por la elegancia de la mesa y por la apariencia de la casa, no fuisteis capaces de reconocerlo ni de acogerlo.

Navidad no es el pasado que hay que recordar, sino el presente que hay que vivir:
Cuando decides amar a los que te rodean, ese día es Navidad.
Cuando decides dar un paso de reconciliación con el que te ha ofendido, ese día es Navidad.
Cuando te encuentras con alguien que te pide ayuda y lo socorres, ese día es Navidad.
Cuando te tomas el tiempo para charlar con los que están solos, ese día es Navidad.
Cuando comprendes que los rencores pueden ser transformados a través del perdón, ese día es Navidad.
Cuando renuncias al materialismo y al consumismo, ese día es Navidad.
Cuando eliges vivir en la vida y en la esperanza, ese día es Navidad.

Eva López  Rodríguez. 1º ESO D.

La verdadera Navidad

“Había una vez hace poco, pero que muy poco tiempo en un país muy cercano un niño llamado Des”.

Llegado a este punto dejé de leer. ¿Quién es el tonto al que se le ocurriría  empezar un libro con “Hace poco tiempo” y “En un país muy cercano”? Pero lo peor, y con diferencia, era el nombre del protagonista: “Des” ¿Quién se va a leer un libro en el que su protagonista se llama Des? Te lo diré yo: Nadie.

Así que allí estaba yo, con un libro malísimo entre las manos y pensado preocupado qué podía hacer. Me llamo Gonzalo, soy un chico normal de Secundaria con los ojos marrones y el pelo castaño revuelto, mis notas son de la media; voy tirando con uno o dos suspensos, pero me las arreglo bien. Así que ya veis, soy un chico de lo más común.

Cerré el libro que tenía entre las manos mientras daba vueltas por la habitación pensando cómo iba a hacer el complicado trabajo que me habían puesto en lengua: escribir un cuento sobre la Navidad. ¡Qué locura! Pero si ni siquiera me gustaba la Navidad, más bien la odiaba. Estaba ya harto de que en todas las películas o dibujos animados pintasen la Navidad como una época de reconciliación y amistad, una época en la que todo es perfecto y no hay ningún problema. Porque la realidad es muy distinta, en Navidad sigue habiendo los mismos rencores, los mismos accidentes de tráfico y las mismas peleas. Decían que en Navidad ocurrían milagros… ¡JA! el único milagro que podía ocurrir era que yo sacase más de un cinco en ese cuento que debía hacer.

Estaba intentando inspirarme con cuentos sobre la Navidad, cuando terminé de comprobar que hasta el último libro que teníamos en casa tenía un comienzo tan desastroso como el del niño que se llamaba Des, o un final tan malo como: “Comieron felices y vivieron perdices”.

Salí a la calle para dar un paseo y relajarme. Nada más salir el frío del invierno me azotó en la cara con fuerza y eso me sentó bien. Cuando llevaba ya un rato dando vueltas sin rumbo fijo, vi una cosa que me impactó: unos niños de unos diez años de edad iban cantando villancicos por la calle mientras llevaban una bolsa de la compra. Se notaba que estaban felices. Entonces fue cuando miré a mi alrededor y lo vi todo con nuevos ojos: los escaparates decorados con vivos colores, los árboles de Navidad que se podían ver en las casas de la gente con sus luces y adornos, las canciones de Navidad que salían por las ventanas de los edificios y, sobre todo, la alegría que se respiraba en el aire. Fui andando pensativo hacia mi casa mientras pensaba en todas las nuevas sensaciones que acababa de experimentar y en ideas para el cuento navideño. De pronto me percaté de que estaba cruzando por un paso de cebra y el semáforo estaba en rojo, un coche se abalanzo sobre mí.
Cuando me desperté estaba tumbado en la fría acera, ileso. ¿Había sido suerte? Claro que no. Había sido el milagro de la Navidad.

Jorge Monedero. 3º ESO E

jueves, 9 de diciembre de 2010

El sistema Stanislavski

Esta es la historia de los famosos asesinatos del teatro Capitol de la Gran Vía.

Toda la ciudad se encontraba expectante ante el estreno de una obra original de un autor novel, cuya peculiaridad consistía en que por orden expresa del dramaturgo, solo debía ser interpretada una única vez. La obra trataba sobre una serie de asesinatos que ocurrían en un pequeño pueblo de la sierra.

Pedro, que acababa de salir de la escuela de arte dramático, estaba pletórico porque había conseguido el  papel protagonista, mientras que su amigo Raimundo iba a resultar curiosamente una de sus víctimas. Entonces llegó la noche del estreno. La trama se origina cuando el asesino se siente rechazado por los demás habitantes del pueblo. A lo largo de la obra su conciencia le dice que todos ellos deben morir por haberse burlado de él. Así acababa el primer acto. En el segundo, comenzaban los asesinatos: la primera de las víctimas moría ahorcada en el granero y antes de acabar el acto, un pescador aparecía ahogado en la presa.  En el tercer acto, le tocaba el turno de morir al policía, personaje encarnado por Raimundo. 

En el descanso Raimundo, angustiado por ser su debut artístico, fue al camerino de su compañero que representaba a la víctima del granero, para que le deseara buena suerte ya que había llegado su turno de salir a escena. Tras llamar un par de veces a la puerta y al ver que nadie contestaba, se dio cuenta de que la puerta estaba abierta y decidió entrar. Cuando traspasó el umbral, no podía creer lo que estaba viendo: una figura que colgaba del techo se balanceaba en la oscuridad.  Asustado, corrió a buscar ayuda y al pasar junto a los baños, pudo ver lo que parecía una persona tumbada con la cabeza dentro del váter. En un principió pensó que se trataba de alguien a quien los nervios estaban jugando una mala pasada, sin embargo al observar la ausencia de movimiento del cuerpo, se acercó y pudo comprobar que se trataba de un cadáver.
Presa del pánico, oyó que le llamaban a escena y se imaginó el patio de butacas lleno a rebosar. Como arrastrado por una fuerza mayor consiguió salir a escena dispuesto a interpretar el papel de su vida en el que el joven policía del pueblo consigue desenmascarar al asesino aunque finalmente éste, al verse descubierto, le quita la vida.

De repente todo empezó a tomar forma en su cabeza. Recordó el sistema Stanislavski  que les habían enseñado en la escuela de arte dramático. Consistía en meterse en la piel del personaje incluso fuera del escenario para comprender mejor lo que siente.  En ese instante comprendió todo lo que acababa de ocurrir, su amigo había llegado a un punto en su intento de llegar a la perfección en la caracterización, que le había llevado a confundir realidad y ficción. Ahora le llegaba el turno a él y sentía cómo un sudor frío corría por su espalda. Su propio amigo le estaba amenazando en escena con un arma de mentira, pero no pasaría mucho tiempo antes de que una vez abandonado el escenario, corriera la misma suerte que el resto de sus compañeros. En plena escena del forcejeo, se dio cuenta de que el arma era un afilado cuchillo y al intentar librarse de una estocada,  empujó a Pedro con tan mala suerte que cayó sobre el mismo. La sangre comenzó a brotar y el silencio se apoderó de la sala. Segundos después el público se levanto y empezó a aplaudir, ajeno al auténtico guión de la obra.

Javier Santos
1º Bachillerato

lunes, 29 de noviembre de 2010

Que el temor a fallar no te impida jugar


Existe un lugar donde las pálidas luces del cielo nocturno alumbran una ciudad edificada en el recuerdo. Allá donde aún se cultivan los sueños en los campos de amapola y la risa infantil estalla entre las nubes en las noches de tormenta. El cadáver de un palacio encantado  que se deja azotar por una cálida brisa que trae consigo el eco de melodías cuyas notas ya han sido olvidadas. Aquella ciudad, compuesta por angostas callejuelas y bulevares sin nombre que no llevaban a ninguna parte, yacía en la penumbra consumiéndose poco a poco como un cigarrillo en manos de un fumador que ha encontrado ya otro tipo de sustento con el que darse por satisfecho.  Aquel lugar parecía estar enmarcado por un gran cartel luminoso en el que ponía la palabra “Olvido”, pero lo cierto era que, aunque la madera del tablón estuviese ya algo putrefacta y la tinta negra con la que estaban escritas las palabras que le daban nombre estuviese un poco emborronada por el paso de los años, aún podía leerse con bastante claridad: “Ciudad de la Navidad”. Ese era el único enigma que el pequeño Billie había logrado descifrar sobre la misteriosa ciudadela en meses y meses de investigación. Porque el pequeño Billie era un auténtico investigador, un investigador de los sueños. En una ocasión descubrió él solo una ciudad que se hallaba sumergida bajo las costas del continente africano.  Hubo otra vez en  que, junto con otro investigador al que él con su prodigiosa imaginación había decidido apodar Klaiton, descubrieron que en el fondo de un volcán, establecidos sobre una superficie de lava petrificada, vivía una población entera de unos extraños seres de espeluznante aspecto  a los que les gustaba beber savia de corteza de árbol y bailar bajo la lluvia otoñal.  Todos esos descubrimientos, y muchos otros que guardaba en secreto, ocupaban su mente las veinticuatro horas del día, en las que se dedicaba a planear y a escoger todo lo necesario para sus viajes nocturnos.  Cuando caía la noche, el pequeño Billie estaba listo para partir. Cerraba los ojos, ansioso por sumergirse en alguna de sus alocadas fantasías y vivir otra trepidante aventura.

Sin embargo, hacía meses que estaba anclado en el mismo proyecto sin lograr avanzar, y eso empezaba a frustrarle por completo. “Ciudad de la Navidad”, “Ciudad de la “Navidad”, se repetía a sí mismo sin cesar tratando de imaginar qué secretos ocultaba aquel mausoleo de mármol. A veces imaginaba duendecillos corriendo de un lado para otro, nieve,  renos, regalos y bastoncillos de caramelo, pero , al final, siempre descartaba la idea. No podía quedarse todo aquello en algo tan superficial. Aquella ciudad le sugería algo más allá de eso, algo más profundo. Él sabía que tenía que ser así. Esa manera de ver la Navidad, que le parecía surrealista y superficial, era propia de la gente sin alma a la que tanto odiaba. Las personas sin alma eran todas las que vivían de las mentiras, el engaño y la hipocresía barata, que normalmente vestían siempre con pulcros trajes de cachemir italiano y zapatos de charol; eran,  los que en el mundo normal, podríamos denominar adultos. No es que fuesen así todos los adultos, pero lo eran la mayoría, y siempre andaban destrozando toda su creatividad y tratando de hacerle vivir en un mundo absurdo lleno de números, sintagmas y fórmulas químicas. Decían que vivía siempre en un mundo de fantasía, y en parte, tenían razón, pero si él había comenzado a vivir en un mundo paralelo al real, era porque aún no se había resignado a perder la pasión por la vida. En el mundo real, ya nadie conservaba pasión por nada. Todo el mundo parecía enfermo por la codicia, y hasta los más jóvenes parecían sentenciados a albergar un alma vieja y oxidada.  Pero eso no le pasaría a él. Él entendía el mundo de manera distinta, todo lo miraba de manera subjetiva.  Por eso sabía que la “Ciudad de la Navidad” era más que un montón de regalos apiñados en un trineo en el que estaba sentado un hombre de barba blanca y ojos bondadosos. Para empezar, estaba seguro de que allí no podían entrar los adultos. Tampoco los niños que tuviesen alma codiciosa o insolente. Solo tenía que mirar sus altos muros de mármol para comprender que allí no se admitía a nadie que no viese con el corazón más allá de lo que ven sus ojos. Aquella noche Billie se sentó en el suelo nevado a contemplar el aura de majestuosidad que desprendía la ciudad. Permaneció así toda la noche, inmóvil, interrogándola con la mirada. Al cabo de unas horas, la ciudad pareció por fin rendirse a descubrir a Billie sus secretos. Se abrieron las puertas con un chirrido que sonó parecido a la música de una carcajada infantil. Billie caminó hacia las puertas y se dejó envolver por un aura mágica…

Despertó un 25 de diciembre, aturdido como siempre ante aquel sueño que desde bien pequeño le había perseguido a lo largo de los años. Se levantó frustrado y comenzó a vestirse con desgana sin un ápice de prisa o emoción alguna. Siempre despertaba antes de que el sueño terminase, y siempre se quedaba con la misma sensación insatisfactoria en el cuerpo. Salió a la calle y comenzó a caminar, desilusionado, mientras los copos blanquecinos se enredaban en su pelo y le adornaban las facciones con unas graciosas canas que pronunciaban su expresión de cansancio y vejez.

Mientras iba caminando, oyó a unos niños muy pequeños discutir de manera exacerbada y se detuvo a escuchar su conversación durante un momento.

   - ¡ Te digo que lo que montan no son camellos sino elefantes!
   - ¿ Elefantes? ¡ No seas absurdo! ¿Cómo van a montar elefantes por el desierto?
   - Te digo que sí, yo lo he visto. Los reyes magos cabalgan a lomos de un elefante con    colmillos gigantescos. Es un elefante muy raro, porque es de color blanco, y solamente  habla francés. Supongo que los reyes sabrán hablar muy bien francés, porque no sé si  no como se entienden, la verdad. Bueno, el caso, que el elefante ese no es lo más raro  de todo, si no los reyes magos. ¿Sabías que uno de ellos es mujer? Sí, una mujer, me lo ha dicho mi hermana. Y no vienen de un Oriente tan lejano, sino de uno que está cerca. Nindia, O India o algo así. Es un sitio donde hay muchos elefantes, creo. Y seguro que también hablan francés allí. También me ha dicho algo de no se qué de los regalos. Sí, sí. ¿Creéis que os los dan por ser buenos a que sí? Pues no. Pero no sé por qué, ella me explicó por qué…pero no lo entendí muy bien. Es muy raro todo eso de la Navidad. Mamá y papá dicen que es una fecha en la que hay que portarse bien y estar con la familia y comprar cosas. Pero a mí todo eso me parece muy raro. Yo creo que tiene que haber algo más.

Entonces fue cuando Billie entendió lo que escondía la “Ciudad de la Navidad”. No ocultaba un oscuro secreto, ni un cómo ni un porqué. En su interior no había más que aquello que deseases ver, aquello que por encima del mundo albergaba tu corazón. La inocencia expresada como tan sólo podían expresarla los niños. Por un momento sintió tristeza al pensar que al haber crecido nunca más volvería a experimentar esa inocencia, pero más tarde comprendió lo afortunado que había sido al ser una de las pocas personas en el mundo que había podido vivir de verdad sin que el temor a fallar o a ser juzgado le robase su tiempo para jugar. “Y aquel, se dijo el ya no tan pequeño Billie, era el verdadero significado de la palabra Navidad”.


Sofía Lozano
4º ESO

Un mes de ilusión, once de esperanza

Todo oscuro. Polvo por todas partes. Y bajo un viejo colchón y un par de cajas de libros antiguos allí estamos. En nuestro escondite, donde esperamos durante todo un año y en el que nos encuentran siempre cuando llega la Navidad. Es como un refugio para nosotros: la familia de los ángeles, la de los osos, las bolas de navidad, las bombillas pequeñitas que se ponen en los árboles y esas familias que están incompletas desde hace tiempo a causa de algún infortunio: perros, niños pequeños o La temida escoba del día de la recogida del árbol. La reina de esta gran familia es la estrella de cinco puntas, a la que siempre miramos desde abajo.

Cuando llega la hora de salir de nuestro escondite, siempre hay una señal, que suele ser:

-¡Mamá, lo he encontrado! ¡Mamá, lo he encontrado!

Entonces, se abre la caja y un rayo de luz nos despierta. Y todos pensamos: “Llegó la hora.”

Nos bajan a un habitáculo bastante grande, donde se respira felicidad, alegría y amor. Unos pasitos se acercan y alguien asoma a la caja, sonríe, y empieza a sacarnos con cuidado, familia por familia. Cuando nos cuelgan del árbol, es cuando realmente empezamos a cobrar vida.

Estamos allí prácticamente durante un mes, vemos pasar a la gente, las bandejas de turrones y mazapanes, a nuestros amigos los Reyes Magos en la noche del 5 de enero, a los personajes del típico Belén navideño, al vecino que viene a felicitar la Navidad o a los grupos de niños que va de puerta en  puerta a cantar villancicos.

Un mes siempre se hace muy largo, y no solo se respira paz en nuestro árbol. Siempre hay rivalidades por ver a quien le ponen más arriba. Y estos conflictos se suelen generar entre los ángeles. Muy espectaculares, llenos de purpurina, grandes alas, bellos instrumentos de música, pero que luego no saben lucir… Una vez nos han colocado en el árbol, siempre tenemos que hacer cambios de sitio, ordenados siempre por la gran estrella de cinco puntas, que intenta colocarnos de tal forma que no haya ni la menor discusión entre nosotros. Y así permanecemos hasta que llega el día de la recogida del árbol.


Pero lo que más nos gusta de la navidad es oír a los niños pequeños corretear por los pasillos de la casa, sabiendo que tienen vacaciones, cantando villancicos, en pijama durante todo el día, y la ilusión con la que decoran la casa con ayuda de su madre. Pero lo mejor de la Navidad es la sensación que se tiene cuando un niño pequeño ve por primera vez que nosotros, los muñequitos del árbol, cobramos vida.

-       Mamá, creo que ese oso me ha guiñado un ojo.-

-       Mamá, las bolas de navidad parecen me sonríen cuando paso.-

-       Mamá,  esos ángeles se están peleando.-

Este tipo de frases son respondidas con un simple, pero muy convincente:

-¡Pero que tonterías dices!-

Y eso es lo que nos salva la mayoría de las veces, esa incredulidad que los adultos tienen, por el mero hecho de ser adultos. Los niños insisten, ellos no se rinden. Esos tirones de faldas, cada vez son más fuertes, a veces incluso, se sienten incomprendidos y lloran de rabia y gritan:

-¿No lo ves mamá? ¡Acaba de mirarme!

Pero una vez más, nadie es capaz de entender que los niños siempre dicen la verdad. Los niños tienen una mentalidad que poca gente llega a comprender. Les hacen ilusión las cosas más inesperadas, o se encaprichan con algo que no tiene apenas valor. Como cuando se le coge cariño a algo y lo guardas y piensas que lo vas a conservar siempre. Pero estas cosas no pasan, porque todo en este mundo se deteriora, hasta nosotros, los adornos más mágicos de la Navidad. Como yo, un osito, con un jersey de lana llena de pelusa, descosido por los bajos y un brazo arrancado desde hace un par de años. Pero nunca se deshacen de mí. Año tras año estoy en el árbol de Navidad en el mismo lugar, en la misma posición y con la misma cara de ilusión que el año anterior. Y esto se debe a que el pequeño de la casa decidió que yo iba a ser su adorno favorito, ése que aunque se esté cayendo a pedazos, seguirá estando en el árbol,  que la madre  coserá una, dos, tres y probablemente más veces y que reluce más que los ángeles o las bombillas por el hecho de ser el más querido. Esto hace que durante esos once meses que permanecemos guardados, yo desee salir, solo para poder recordar la primera vez que se asomó a la caja de adornos.


A mi particularmente no me gusta hacerles pensar a los niños que tenemos vida propia. Pero reconozco que cada vez que el pequeño de la casa  alcanza su mirada hasta la rama en la que estoy colgado y me mira a mi y no a cualquier otra figura brillante o más espectacular que yo, no puedo evitar sonreírle y guiñarle un ojo. Y cuando ese niño en vez de mirarme con cara de extrañeza, me devuelve la sonrisa, me hace sentirme extremadamente feliz. Más feliz que el día de Reyes, más feliz que cuando nos sacan de la caja después de un año de espera, más feliz incluso en el momento en que una familia te elige en una tienda entre un millón de adornos para que decores su árbol.

Pero, ¿por qué a mí? ¿Por qué yo, habiendo un millón de adornos que elegir? Piensa en lo que viviste. Piensa en lo que creías cuando eras pequeño.

PD: sigue creyendo.

Marta
4º ESO

Cuento de Navidad

Un año más tengo que escribir un cuento de Navidad.
Lo primero en lo que pensamos  en esta época de Navidad es en la familia, las vacaciones, celebraciones, regalos, etc. Pero, ¿Realmente es esta la Navidad que deberíamos celebrar?
No son los adornos, no es la nieve, no es el árbol, ni la chimenea. La Navidad es algo mas intimo, es la generosidad de compartirla con otros y la esperanza de seguir adelante.
Si estas triste anímate!
La
Navidad es ALEGRIA

Si no te llevas bien con alguien, reconcíliate!
La
Navidad es PAZ

Si tienes amigos, cuídalos!
La
Navidad es ENCUENTRO

Si sabes que necesitan algo, ayúdalos!
La
Navidad es D
AR

Si tienes orgullo y soberbia, entiérralos!
La
Navidad es HUMILDAD

Sino te has portado bien, corrígelo!
La
Navidad es JUSTICIA

Si estas confuso, busca otro camino!
La
Navidad es LUZ

Si tienes resentimientos, olvídalos!
La Navidad es PERDÓN

LA NAVIDAD ES AMOR

¡¡ FELIZ NAVIDAD A TODOS !! 

Borja Torrego
4º ESO

Navidad

Adoro la Navidad, todos los regalos, las cenas con la mejor comida, las vacaciones… Lo único que no me gusta de la Navidad es el día de año nuevo, aunque la cena suele estar deliciosa nunca consigo probarla, lo celebro en casa de mi abuela, y esta invita a sus seis hijos con sus respectivas parejas además de a sus quince nietos, también invita a sus dos hermanas, con sus hijos y nietos y además a algunos amigos. Aunque tiene una casa muy grande, encontrar un lugar para sentarse es imposible, además no hay ni una solo persona que tenga mi edad y eso que invita a unas ochenta.

Lo peor de la noche es el final, después de las uvas, mis tíos y algunos de mis primos mayores van completamente borrachos, por lo que me toca soportar, todas las noches viejas, a un montón de borrachos que no paran de gritar, siempre que acaba la noche mis padres, encantados, dicen: -Esta bien preservar las tradiciones.- Yo siempre me muerdo la lengua cuando dicen esta para no decirles que odio la noche vieja.

A principios de este año les dije que odiaba tener que soportar a todos mis familiares borrachos con un hambre voraz y aburrido como una ostra, entonces les hice prometer que la próxima noche vieja haríamos algo distinto.

A principios de Diciembre empecé a preguntarme cómo celebrarían en los otros países el año nuevo, como todos sabemos, en España comemos doce uvas antes de las doce de la noche, en mi caso la tradición es soportar a gente borracha, pero no creo que en todos los países del mundo se celebre de igual forma, por ejemplo, creo haber oído en alguna parte que en China, el año nuevo se celebra en Febrero, pero: -¿Cómo se celebra el año nuevo en Estados Unidos, Egipto o incluso en Francia?
Primero pregunte a mis padres pero no me supieron contestar, entonces se me ocurrió buscar en internet pero lo que encontré no fue muy convincente, yo quería tradiciones contadas por otras personas que, como yo, sufrieran la noche vieja.

Entonces se me ocurrió abrir un foro con la pregunta: ¿Cómo celebras la noche vieja en tu país? No iban a escribir muchas personas que odiaran el año nuevo pero bueno, no se puede tener todo, por supuesto esto lo escribí en ingles. También añadí la tradición española de la uvas.

A las dos semanas tenía cincuenta tradiciones diferentes y unos 200 comentarios. Cuando los hube leído todos, me decidí por cuatro tradiciones me gustaban o me parecían importantes, me quedé con el año nuevo de Londres, de China, París y Escocia. La primera historia era la de un chico inglés que me explicó:- En Londres, el año nuevo es, la noche más divertida del año, yo vivo especialmente cerca del London Eye (una noria inmensa desde la que se ve toda la ciudad), desde él, se lanza una fortuna al aire en forma de fuegos artificiales, la noria se ilumina entera con maravillosos colores y con espectaculares fuegos artificiales (foto de la derecha), al día siguiente circula por todo Londres la cabalgata de año nuevo, esta parte me la suelo perder en directo porque es bastante agobiante la cantidad de gente que hay.
Aunque no me creáis, esta ha sido la mayor crítica sobre el año nuevo que he recibido.
El segundo era de una joven china de Pekín que escribió:- En China el año nuevo es una fiesta que se celebra durante cinco días, aunque no se celebra según el calendario europeo sino el calendario lunar, por lo que se celebra en el febrero de Europa.
La víspera del Año Nuevo, los miembros de la familia entregan "dinero de buena suerte" en sobres rojos a los ancianos y niños, y se quedan despiertos durante toda la noche para darle la bienvenida al Año Nuevo, según la tradición, permanecer despierto durante toda la noche de la Víspera del Año Nuevo ayuda a que tus padres tengan una vida más larga.
Los tres días siguientes están dedicados a diversas celebraciones religiosas que, en mi familia cumplimos a medias, según el año, lo que nunca nos saltamos es el último día, en el que se venera al dios de la comida haciendo un inmenso banquete para toda la familia, adoro este día.

Este comentario me lo escribe una chica italiana de Erasmus en París:- París es la ciudad más romántica en la que he estado, por lo que justamente una de sus principales tradiciones para la noche vieja es que las parejas festejen en casa y se besen debajo de una rama de muérdago después de que el reloj marque las doce. Esto, según dicen, trae buena suerte para el año venidero. Esta tradición también ha sido adoptada por  los norteamericanos.
El último comentario, y el que personalmente más me divierte, lo escribe un chaval escocés de once años:- En Escocia se tiene una tradición muy particular e interesante. En Edimburgo se lleva a cabo un extraño ritual llamado Hogmanay, que consiste en incendiar un barril y luego hacerlo rodar por las calles de la hermosa ciudad de Edimburgo.

Edimburgo es la ciudad perfecta para divertirse con los amigos, el ambiente que hay es alucinante, solo lo he visto por la tele pero en cuanto mis padres me dejen saldré a divertirme por la ciudad.
  
En resumen, si, en año nuevo, quieres alucinar, vete a Londres, si quiera comer bien o celebrarlo dos veces China es tu lugar ideal, si quieres un ambiente romántico viaja a París y si quieres divertirte e ir de fiesta ve a Edimburgo.
Cuando acabá de elegir todos los comentarios, me di cuenta de que yo, lo único que quería, era pasar una noche vieja normal, sólo con mis padres y hermanos, una cena rica, comerme las uvas y, si me dejaban, irme de fiesta con mis amigos.
Cuando les propuse esto a mis padres, me miraron con cara de asco y me dijeron que para una noche que estábamos con la familia no íbamos a dejar de ir.
La moraleja de esta historia es que los sueños no siempre se cumplen en navidad.

Pedro Pérez de Castro
4º ESO

Un juicio en Navidad

PRIMER ACTO

(Escenario: taller de Papá Noel. De fondo se oyen villancicos.)

Es Nochebuena del año 2010,  los duendes están metiendo los regalos en el gran saco del trineo y preparando a los renos. Mientras, Papá Noel hace su ronda anual para que no se escape ni el más mínimo detalle: hay que guardar los paquetes que andan esparcidos por el suelo, dar brillo al trineo, colocar las riendas a los renos y revisar la lista de niños buenos y malos.

Papá Noel: ¡No lo conseguiremos, este año no!

Mamá Noel: (Con una bandeja de galletas) Anda exagerado, todos los años dices lo mismo y, como todos los años, sale perfectamente.

Mamá Noel empieza a repartir galletas entre los duendes que trabajan y que a cambio le devuelven un ‘gracias’ y una sonrisa.

SEGUNDO ACTO

(Escenario: Taller de Papá Noel.)

Ya de noche y después de horas de trabajo, Papá Noel se despide de su esposa, da las gracias a todos los duendes  que le han ayudado y sube a su trineo. Dando una orden a los renos, estos empiezan a correr hasta que consiguen despegar del suelo el pesado  saco de regalos y a ese hombre regordete y bien abrigado que grita – ¡HO HO HO! ¡Feliz Navidad!- mientras se oye el ruido de cascabeles.

Es una noche fría y sin luna, pero las luces que adornan las casas permiten ver  el paisaje nevado de la ciudad.

(Escenario: tejado y casa adornada.)

El trineo se para en su primera casa y Papá Noel, bajando del trineo, manda silencio a los renos – Shhhhh! ¿Queréis que nos pillen?-. Coge su saco y empieza a descender por la chimenea pero nada más notar la leña bajo las grandes botas negras, sus ojos se encuentran con otros más pequeños y asustados.

Papá Noel: Hola preciosa… por favor, no chill…

Niña: (Vestida con un camisón y agarrada a un osito de peluche) ¡Mamaaaaaaaaaaaá!

La madre aparece corriendo atándose la bata a la cintura y llamando a su marido.

Madre: (Chillando) ¡Manolo date prisa y llama a la policía, hay un ladrón en el salón!

El padre consigue retener a Papá Noel hasta que llega la policía, que le detiene y le saca esposado de la casa. Mientras camina por el jardín hacia el coche con la sirena, puede ver como bajan su trineo del tejado con una grúa. Un hombre con el uniforme de la perrera intenta conseguir más camionetas, mientras que los otros no consiguen calmar a los renos que intentan escapar.
Una voz le devuelve a la realidad.

Policía: (Muy borde) Eh abuelo, ¿es que no me ha escuchado? Métase en el coche.

TERCER ACTO

(Escenario: Juzgado de la ciudad)

La sala está llena de gente hablando, Papá Noel está esposado y sentado en la mesa de la izquierda frente a la tribuna. Su abogado, que es uno de los duendes del taller vestido de traje, repasa los folios que lleva en el maletín. Este se da cuenta de que le está mirando y sonriendo dice – Tranquilo jefe, está todo bajo control-. Entonces Papá Noel se fija en el gorro de punta verde que el duende lleva puesto y, suspirando, se tapa la cara con las manos.

Alguacil: Todo el mundo en pie, el juez está entrando en la sala.

Se hace el silencio, la gente se levanta y con un gesto el juez da a entender que pueden sentarse.

Juez: (Vistiendo una toga negra) Bien, intentemos solucionar esto de la manera más rápida posible. Señor Noel, se le acusa de: allanamiento de morada, obstrucción del tráfico aéreo y posesión de animales sin identificación. Defensa del acusado, puede hablar.

El duende se levanta y el jurado contiene la risa al ver su gorro.

Abogado: En defensa de mi cliente he de decir que este hombre lleva entrando en casas de todo el mundo años, con la intención de repartir regalos y felicidad entre niños y mayores. La única manera de recorrer todos los países en una sola noche es ese trineo, cuyo ‘motor’ son los renos. Lo único que coge  son las galletas y la leche que los niños le dejan como agradecimiento. Señoría, este hombre de aquí no ha hecho nada malo, es más, esta noche miles de familias se quedarán sin sus regalos.

Juez: (Pensando un momento en lo que acaba de decir el duende) ¿Cómo se declara el acusado?

Papá Noel: (Levantándose) Inocente.

Se forma un murmullo en la sala y algunas personas le acusan de romper adornos de navidad al dejar los regalos bajo el árbol y otros en cambio hablan en su favor.

Juez: ¡Silencio, silencio en la sala! (La gente se calla.) Bien el jurado se retirará para valorar el caso. (Da un golpe con el martillo y se va de la sala junto al jurado.)


Una hora más tarde la sala vuelve a llenarse.

Juez: ¿Cómo declara el jurado al acusado?

Representante del jurado: En base a las acusaciones y la defensa, este jurado declara al acusado… inocente.

Se oyen quejas y gente llorando, pero sobretodo gritos de alegría. Papá Noel abraza al duende, que después de quitarse la chaqueta, empieza a bailar sobre la mesa. Papá Noel ríe a carcajadas.

CUARTO ACTO

(Escenario: Polo Norte, casa de los Noel)

Entrando por la puerta, Papá Noel deja su traje rojo en una gran silla, se pone el pijama y se tumba en la cama con Mamá Noel.

Mamá Noel: ¿Qué tal cariño? Te he estado esperando pero has tardado más de lo normal y me he quedado dormida. ¿Cómo ha ido este año?

Papá Noel: Pues como todos los años, perfectamente.

Da un beso a su esposa y se da la vuelta. Aunque se mezcle con un bostezo, ella es capaz de oír como su marido, antes de dormirse dice: ¡HO HO HO! ¡Feliz Navidad…!

Helena Salve
4º ESO